El delirium es uno de los síndromes geriátricos más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más peligrosos si no se diagnostica a tiempo. Se trata de una alteración aguda y repentina del estado mental, que aparece en cuestión de horas o días y que puede confundirse con otras enfermedades como la demencia.

¿Cómo identificar el delirium?
Existen señales de alerta que pueden ayudarte a reconocerlo:
- Cambio repentino en el comportamiento
La persona mayor comienza a actuar de forma diferente de un momento a otro, sin causa aparente. - Excesiva distracción
Parece no prestar atención, no responde cuando lo llaman o se muestra desorientado en su entorno. - Alteración en la consciencia
Puede estar demasiado somnoliento, apático o, por el contrario, muy inquieto y agresivo. - Alteraciones en el pensamiento
Dice cosas incoherentes, confunde palabras o presenta pensamientos desorganizados.
¿Por qué es importante detectarlo?
El delirium no es parte normal del envejecimiento. Generalmente es un síntoma de que algo grave está ocurriendo, como una infección, deshidratación, reacción a medicamentos o problemas metabólicos.
Si no se atiende de inmediato, puede ocasionar complicaciones severas, pérdida de autonomía e incluso poner en riesgo la vida del paciente.
El papel del geriatra
Ante cualquier signo de delirium, es fundamental la valoración de un especialista en geriatría. El médico no solo buscará la causa que lo desencadenó, sino que también trabajará en la prevención de recaídas y en la recuperación funcional del paciente.

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